LO FALLIDO.- La escogencia de José Joaquín Puello como compañero de boleta de Miguel Vargas Maldonado fue bien recibida por la opinión pública nacional y por los propios perredeístas, y salvó al candidato del PRD del trance amargo de tener que discernir entre miembros de su equipo de campaña que eran mencionados en análisis de prensa como posibles nominados a esa posición. El anuncio no tuvo el impacto que se esperaba (y necesitaba) por la campaña paralela del presidente del partido, que aprovechó un pronunciamiento de Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez sobre Semana Santa, para acusarlo de reeleccionista. No es la primera vez, y al parecer tampoco será la última, que Ramón Alburquerque mete la pata tan hondo que no hay manera de sacarla y quedar bien, como hacía Tres Patines. El momento era de Vargas Maldonado, o si se quiere de Puello, pues su selección había que ponderarla y resaltar lo que significaba en términos electorales. Otra oportunidad fallida, pero con implicaciones y consecuencias, pues el Cardenal López Rodríguez no es de las figuras públicas que baraja pleito, y mucho menos cuando la razón está de su lado. Él, como dignatario de la Iglesia Católica, pidió comedimiento durante Las Pascuas del Señor, de manera que ese tiempo no fuera dedicado a parrandas y enfrentamientos políticos. La agresión verbal de Alburquerque fue inexplicable, innecesaria y gratuita…
EL DAÑO.- Los perredeístas se la llevaron al vuelo, y los sensatos no están conformes con el ataque de Ramón Alburquerque al Cardenal López Rodríguez, aunque comentan que el presidente del PRD anda ufano y muy pagado de sí mismo, y que a todo el que se le acercaba la semana pasada le hacía la misma pregunta: ¿"Viste como lo puse en su puesto"? en alusión al purpurado. El PRD por lo visto es víctima del mito de Sísifo, y en cada oportunidad debe subir la piedra a la cima, para que otros dirigentes la dejen rodar y repetir la faena. José Francisco Peña Gómez se dio cuenta tarde de su equivocación de creer que la Iglesia eran Los Capuchinos del templo de Las Mercedes, y se concilió con el Cardenal cuando Dios había dispuesto llamarlo a su gloria. Hipólito Mejía no tenía ese problema, pues era Un Hombre de la Iglesia, tanto que tenía (y tiene) un obispo en su propia familia; pero la soberbia del poder lo perdió y cometió el error de insubordinarse. Quizás nadie le ha explicado a Alburquerque, pero el candidato de su partido se dio cuenta desde un principio que ese era un flanco débil y buscó la manera de llegarle al Cardenal López Rodríguez. En el Arzobispado tienen que estar registradas las citas de comisionados que procuraban crear corrientes de simpatías. Además, ese es un ámbito que pertenece al secretario general. Alburquerque con su ánimo de "entre tó" pudo haber dañado unas relaciones que apuntaban auspiciosas…
CALIFICACIÓN.- El Cardenal López Rodríguez se dio cuenta de que Ramón Alburquerque no es objetivo de nadie, que está fuera de juego, y a una pregunta de la prensa reaccionó como es propio de su temperamento, pero con tres calificativos "lo puso en su puesto". El problema es que los perredeístas, y mucho más los estrategas de Miguel Vargas Maldonado, quisieran que ese affaire no pasara a cosas mayores, pues comprenden que no hay cosa peor en el mundo que un hombre de Dios picado por el Demonio. Sin embargo, Alburquerque no entiende, o tiene su propio proyecto, puesto que en El Caribe de ayer domingo insiste en que "hay sectores de la Iglesia comprometidos con la reelección…", aunque esta vez se toma el cuidado de no identificarlos. Vargas Maldonado se acogió al llamado del Cardenal, paralizó los trabajos de campaña y se fue para Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos, pues en territorio norteamericano hay miles de votos que nadie sabe si serán decisivos. ¿Puede correr el riesgo de que se le pegue la intemperancia de Alburquerque? El aspirante demócrata Barak Obama advirtió que sus adversarios querían ponerlo en aprietos sacando a la luz viejos discursos de su guía espiritual, Jeremiah Wright, y no lo pensó dos veces. Hizo un discurso de descargo, de manera que se supiera que no compartía esas ideas. ¿Hará Vargas Maldonado otro tanto?...
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